28 oct. 2014

VUELTA A EUSKADI EN BTT EN 4 DÍAS

Me propongo dar una vuelta por mi país, no es lo mismo recorrerlo en coche, visitar sus fiestas o ir a conocer barrancos y montañas mágicas insospechadas en un sitio tan pequeño que hacerlo en bici. Esta vez elijo mi “La poderosa” particular, mi bici de más de 10 años demuestra que no es necesario el último equipamiento para recorrer grandes, al menos para nosotros, para ella y para mi, distancias sin que podamos disfrutar juntos de tan buena vista. Le pregunte si le podía poner una parrilla al principio dijo que si luego le tuve que hacer en casa un par de agujeros lo cual no le hizo mucha gracia, pero quedó muy bien. Gracias a Txus pudimos meter nuestras pocas cosas en alforjas y allí que marchamos al amanecer como todos los días a las 7:30 sin saber muy bien hacia donde, ni hasta cuándo. Era un reto para ambos en el que no sabíamos si las fuerzas nos iban a aguantar así que no nos importaba llegar al final, más bien partir. Como en cada viaje intentaremos disfrutar de cada momento no tanto por cumplir por llegar a la meta sino de que el propio viaje nos marcara su destino. Sin saber si nuestro objetivo era demasiado pretencioso para nuestras fuerzas esperaba que este viaje o el viaje de vivir y sentirnos vivos nos diera más placeres que sufrimientos nos pusimos en camino, por supuesto, de todas formas ya tenía los teléfonos de emergencia entre Aitzi, David, Iker, Koldo… bueno alguno u alguna seguro que vendría en nuestra busca.
Primer día. Al principio pensé en llevar mi pequeña tienda de campaña pero al momento vi que era demasiado peso y decidí llevarme solo la esterilla pero con intención de dormir en alguna habitación o pórticos de iglesias si la cosa se pusiera difícil. Además deje algo más de equipaje innecesario. La etapa de hoy era Orduña - Laguardia 85 km. Subiría la barrerilla, entraría en el valle de Kuartango, Treviño, subir el puerto de Herrera y bajar a Laguardia. Como siempre nos empeñamos en planificar todo pero cuanto más se planifique menos oportunidades habrá para improvisar. Todo fue sobre la marcha después de un bocadillo en ventas de armentía, subir el puerto herrera (estuve esperando al ciclista fantasma pero na), y comer un menú en Laguardia a pesar de que había amenaza de tormenta decidí adelantar un poco, hasta Kripan. Pueblo tranquilo donde los haya, un pica en el bar del pueblo… charla interesante con dos abuelos sobre las viñas. Decían que lo que hacían antes 10 personas ahora lo hace una máquina y claro normal que haya crisis. Esperaba dormir en este pueblico hasta que surgió de una calle una cuadrilla vestida de mexicanos con una charanga, eran fiestas y a pesar de que en el ayuntamiento había un pórtico perfecto para dormir, me baje a Lanciego que también eran fiestas por cierto a una casa rural. En un principio la casa no se alquilaba por habitaciones pero Eva, la dueña, me la dejó entera para mí, la verdad que me hizo gran favor porque aquella noche hubo una tormenta buena. Fue la noche que en Vitoria cayo una granizada enorme que dejo todo blanco. Al final salieron casi 100 km, “La poderosa” y yo habíamos superado el primer día y no lo podíamos acabar mejor. Super ricas las manzanas ecológicas de la casa rural.
Segundo día. Hoy toca monte, pensamos cuando salimos así que con calma. Subimos hacia la Población, vaya amanecer me regalo la luna y el sol, la luna estaba grandísima como esperando los rayos anaranjados del sol con todas las viñas cargas de uvas. Eeee lo que es bonito es bonito y ya está!!. Bajamos a Santa cruz de Campezo, valle de Arana, puerto de Opakua, Agurain y subidorra tremenda hasta el túnel de San Adrian por Zalduondo. La verdad que es difícil andar en dirección contraria a la gente cuando todos los del camino de Santiago van en dirección contraria, hay como cierta energía que no te deja avanzar además del cuestorro claro jeje, supongo que también pasará cuando rompes con algunas normas o reglas, cuesta pero si crees que vas en dirección correcta pues pa lante. El túnel de San Adrian es uno de esos sitios mágicos de Euskalherria, paso importantísimo económico cultural histórico, ecológico, deportivo ponerle lo que queráis pero mágico. Luego bajada impresionante hasta Zegama y dormir en Segura. Aquí dormí en un agroturismo. Para mi Segura era como estar de turismo en otro país, todas las casas tenían un eguskilore, todas, además me sentí como un turista en Europa que no entiende nada de lo que dicen a su alrededor, mi Euskera batua no sirve para mucho, aquí menos. No es por falta de respeto pero si a ti un ingles te pregunta en ingles y no sabes o te da apuro hablarlo mal le intentas explicar en castellano, haber que pilla!! pues aquí igual, no es por falta de respeto es por la inseguridad con el castellano, preguntas y entiendes lo que puedas pero en Euskera eee que para eso estoy en la Gipuskoa profunda.
Tercer día. Hoy toca ver el mar pensamos. Subida a Mutiloa y primera vía verde. Bajamos a Ormaiztegi, pasamos Zumarraga y toda la zona industrial. Aquí hay una mezcla muy cercana entre lo rústico con caseríos centenarios, pastores y formas de vida enraizadas con polígonos industriales, tecnología punta y clase obrera trabajadora de muchos sitios de España. Después toca bajar y bajar por la vía verde del rio por Azpeitia, tiene un montón de túneles pero están bien iluminados, casi 40 km de vía verde todo bajada yiiiuuujjjuuuuu. Seguimos Zestoa alto de Itxiar y bajar a Deba, bocadillo merecido en la playa. Tocaba rodear la costa, esta carretera no da buena espina, hay tramos sin arcén y mucho tráfico, sobre todo desde Deba, Mutriku Ondarroa hasta Lekeitio. De Lekeitio a Gernika fue interminable pero ya sin tráfico. La verdad que toco un día muy bueno y se veían calas con agua verde transparentes impresionantes, algo que no se ve en coche. El día se me hacía largo y hacía mucho calor, comí un menú en Gernika en un restaurante que parecía como si estuviera en la casa de la abuela, dueña del bar, comida casera y pa repetir y todo, bueniiiissiiiiisiiiimo. Mi objetivo era llegar a Bermeo pueblo pesquero y que sin saberlo estaban en fiestas también jeje de verdad sin saberlo. Allí nos presentamos buscando un sitio para dormir, menos mal que dimos con una señora camarera que llamo a tres sitios y por fin me encontró un agroturismo, jeje majísima. Hay que pedir sonriendo. Este día salieron 120 km estaba muy cansado así que después de conocer  mi habitación decidí dormir la siesta. Me levante y estaba la abuela del agroturismo partiendo pan para las ovejas, diciéndome “crisis que crisis” jaja la salude y marche a dar una vuelta por Bermeo. Vaya pueblo más bonito solo estuve un par de horas todo el mundo vestido de arrantzale, barcos pesqueros y en el frontón campeonato de aizkolaris pua cultura a raudales, luego ya flipe cuando vi a unos turistas extranjeros ingleses, diría yo, vestidos de arrantzales, txapela y bota de vino y todo jaja. Me fui hacia el agroturismo, allí estaba la abuela que era experta en flores y empezamos a arreglar el mundo, luego también vino su hija que regenta la casa, le dimos media vuelta, volvimos un rato a los años 30 con la época de la guerra, volvimos al presente otra vez con la crisis y los políticos corruptos, marchamos al futuro con la esperanza de que esto cambie a mejor y ya nos dimos buenas noches y nos despedimos, la poderosa y yo debíamos madrugar.
Cuarto día. La vuelta a casa. Volver a casa siempre es emocionante. Tanto bajar la barrerilla como el puerto de Orduña me ponen los pelos de punta. Sin embargo esta vez volvía por cuenca del nervión. Primero para salir de Bermeo debía subir el puerto de xx, uno de los chicos del agroturismo me dijo que podía subir por unas pistas, más pendiente, más corto y sin tráfico les hice caso, me llovió un poco pero no hacía frio. Baje a Munguía, Derio, Asua y allí me tope con el Nervión, paseo por la ría y bocadillo en el casco viejo de Bilbao. Para salir subí por La Peña hacía Arrigorriaga por el consorcio de aguas es la mejor manera pienso adelantas y no hay tráfico. Después carretera conocidísima para mi hasta Llodio y Orduña. Este último trayecto recorrí la vía verde que va de Llodio hasta casi Amurrio chulísima también con puentes medievales, ojala la alarguen hasta orduña y llegue algún día hasta Bilbao. 85 km fácil fácil. Para mí hay un sitio que en Luyando se ve la virgen de Orduña que me dice que estoy llegando a casa.
Dejó atrás todos los kilómetros y me siento satisfecho en lo deportivo y en la experiencia realizada. Volviendo, hago un recuerdo de las personas que he conocido, de Eva de la casa rural de Lanciego, de los abuelos que hablaban de las viñas, de lo extranjero que me sentí comprando en el supermercado en Segura, de la abuela del agroturismo, de la camarera de bermeo… en fin gente muy de la tierra de nuestra cultura de sus raíces que nos dan identidad y que acompañan a las paisajes y sitios mágicos por los que he pasado y perdurarán en el tiempo. Sin saber si les llegará Eskerrik!! a todos y todas.
Pienso que es un país plural, distinto en cada herrialde, tremendamente emotivo, descarado, orgulloso, con complejos pero sin esconderlos, crítico, nada conformista, con un legado cultural que le hace más identitario sobre todo ante las dificultades, pero con un cierto toque nostálgico hacía el pasado, hacía lo rural, que nos recuerda quienes somos ahora y que queremos seguir siendo. Como dice un argentino es un país un tanto esquizofrénico con continuas paradojas y contradicciones, pero nos reímos de nosotros mismos, que gran locura!!.
Fueron solo cuatro días, 400 kms, es una propuesta corta, pero que me ayuda a seguir creyendo y conociendo este pequeño país. Mi “La poderosa” también quiere decir que lo bonito de un viaje siempre está por llegar por no saber que nos deparará el futuro así que irremediablemente nos toca seguir viajando para seguir disfrutando y seguir subiendo pluses.


Jon




1 comentario:

Aitzi dijo...

Se nota que tanto "La Poderosa" como tú habéis vivido con mucha intensidad esos cuatro días. Es que Euskadi tiene un color especial, jaja. Y es cierto que cada zona tiene su diferenciación y su idiosincracia. Hay que experimentar más de éstas. ¡Pura vida!